

Hoy en una calle de la Villa, nos encontramos con esta joven culebra de collar, natrix natrix.
Este caballito del diablo, Agrion Virgo, hembra, descansa sobre la hoja de un lirio.
Alguna presa se mueve a su alrededor, por lo que toma una postura de ataque.
Para ello, se agacha, así podrá impulsarse con sus patas para salir más rápidamente hacia su posible objetivo.
En poco más de un segundo, se levanta y regresa de nuevo a su atalaya. Esta vez ha tenido suerte y se lleva una gran presa.

Dando una vuelta por la ría, nos encontraremos lirios en culquier cuneta. La gran cantidad de agua caida este año, ha favorecido a esta planta, que crece en terrenos húmedos o encharcados. Me encanta el intenso verde de sus hojas, donde cualquier insecto tiende a salir especialmente favorecido cuando se le fotografía.
La típula es algo parecido a un mosquito muy grande, repugnante, patilargo... e inofensivo.
Uno de los motivos del miedo que despiertan estos inofensivos insectos, es la prolongación en punta de su abdomen que tienen sus hembras, algo que a simple vista muchos confunden con un aguijón. Evidentemente no es un aguijón. No puede serlo, porque los dípteros no tienen aguijón; eso es cosa de los himenópteros (abejas y demás).
Una característica curiosa común a todas las moscas —y la típula lo es— es la utilidad de los halterios. Estos órganos son dos a modo de alfileritos invertidos que salen del abdomen, justo tras las alas. Cuando el animal vuela, los halterios también se agitan, pero debido a la inercia de sus puntas más pesadas (la punta del alfiler), cuando la típula cambia la dirección del vuelo, los halterios continúan por un instante oscilando en el mismo plano. Esta diferencia de planos de oscilación, entre las alas y los halterios, crea una tensión en la cutícula del abdomen (justo en el punto de inserción) que es detectada por unas diminutas células sensoriales. Éstas envían la información al cerebro, el cual comprende que se está desviando del rumbo y puede realizar las correcciones necesarias.
Las típulas suelen frecuentar lugares humedos, donde depositan sus huevos. Las larvas habitan en el agua, en el suelo, en madera o sobre las hojas de algunas plantas.
Este fin de semana, charlando con Ezequiel en la Playa de Bonhome, escuchamos chillar a los pollos del carbonero. Desde el nido, situado en un agujero del muro, reclamaban comida a sus progenitores. Para mi, son los primeros pollos de esta especie que descubro este año. Ojalá tengan suerte y salgan adelante.
Estamos en pleno paso primaveral. La ría, estos días está plagada de limícolas. Da gusto verlos y oirlos. Hoy mismo, en el Cierrón se podían ver muchos correlimos comunes y tridáctilos, chorlitejos grandes, archibebes comunes y claros, combatientes, andarríos chicos, cigueñuelas... Los grupos se movian de un lado a otro, o se levantaban ante cualquier posible amenaza.